Arroyo Manina

Comenzamos en la Plaza Mayor, saliendo por la de la Caldereta (con su peculiar monumento) hacia la Plaza de la Iglesia (dejando a la izquierda la Casa de las Cigüeñas) y de aquí a la calle Frontera, que tomaremos hacia la derecha, pasando por la Churrería Felipe (este local es el centro de reunión de la Asociación de Senderismo “La Tortuga”) hasta llegar a la carretera M-618, que cruzaremos para continuar recto por la calle Frontera. Muy pronto la calle asfaltada se convierte en un camino de tierra y las últimas viviendas son sustituidas por típicas vallas de piedra (5’).

Aquí ya podemos caminar entre encinas, enebros, fresnos, olmos, escaramujos, zarzamoras… y si realizamos nuestra ruta una buena primavera, todo tipo de flores silvestres. En seguida llegamos a una bifurcación, que tomamos a la izquierda, siguiendo un tendido eléctrico, hasta llegar a una encrucijada, con la puerta de “Peña Rota” a nuestra izquierda y la calle del Camorrillo a la derecha. Seguimos rectos, todavía bajo el tendido eléctrico, de manera que en nuestro caminar dejamos ahora la colonia El Camorrillo a nuestra derecha y a la izquierda un bosque de enebros, encinas y jaras pringosas (7’).

Sobrepasados el grupo de viviendas y la finca de La Benita, encontramos a la derecha un paso que separa esta finca de La Tinaja, con una señal prohibiendo el paso a vehículos. Nosotros continuamos rectos (ya seguimos ese otro camino con la ruta “M-50”) y abandonamos el camino ancho para acercarnos a la puerta de La Tinaja y seguir ahora su valla de piedra (5’).

En estos momentos, paseamos por una senda poco marcada, siempre dejando a nuestra derecha La Tinaja, con excelentes vistas de los montes de Hoyo…, que serían mucho mejores sin tanta proliferación de tendidos eléctricos de todo tipo. La calleja a veces se estrecha y desciende suavemente hasta que la valla gira a la derecha, y nosotros con ella, hasta llegar repentinamente al fondo del valle por el que discurre el Arroyo Valgrande (también conocido como de la Toya), que empieza a tomar forma justo en este lugar (7’).

Donde los enebros dominan a las encinas

Este punto al que hemos llegado es muy interesante; por un lado, en el interior de la finca, pero muy cerca, podemos apreciar un soberbio ejemplar de encina, el mayor –creemos- que existe en el municipio. También vemos dos buenos ejemplares de enebro pegados a la valla de piedra. Si nos acercamos al segundo, encontraremos debajo del mismo la Fuente de la Tinaja, excelente muestra de las fuentes de pastor típicas de la zona: tapadas por encima con una losa de piedra y dejando la abertura en un lateral.

Abandonamos por fin la Tinaja y descendemos suavemente por el valle, caminando por el margen derecho del arroyo. Al principio entre jaras, y poco después sobre un pastizal, mientras que a pocos metros a ambos lados del valle comienza el monte, donde los enebros dominan a las encinas. En poco tiempo cruzamos una pista de tierra muy marcada, momento que aprovechamos para cambiarnos de orilla del arroyo, y dejando a la derecha dos “jaulones” colocados en el suelo (se trata de un estudio sobre la biología de la zona, que están cerrados para evitar que el ganado se coma parte de la vegetación), caminamos ahora por la margen izquierda, pasando sucesivamente por un pilón antiguo, otro más moderno en funcionamiento y unos huertos. Toda la pradera que dejamos a nuestra izquierda es un lugar muy apreciado para el esparcimiento (7’).

Poco después de pasar los huertos cruzamos nuevamente a la derecha del arroyo y con buenas vistas sobre las formaciones rocosas de la parte opuesta, se nos une por la derecha una valla metálica (una antigua repoblación forestal que fue un fracaso) que nos acompañará hasta llegar a donde el arroyo desemboca en el Arroyo Manina (12’).

Tras las huellas de animales silvestres

Ahora seguiremos el curso del Manina, también por la orilla derecha. Un tramo muy bien conservado por el que deberemos pasar dejando la menor huella posible. Durante esta parte del recorrido (en realidad desde que sobrepasamos los huertos), entre muchos otros valores naturales (encinas, enebros, jaras, diversas formaciones rocosas), resulta fácil descubrir huellas, excrementos y otras señales de animales silvestres como el zorro, el jabalí o el ciervo, aunque tendremos que saber diferenciar estas marcas de las que dejan las cabras domésticas, presentes también en la zona. Cuando llegamos a darvista a una peculiar piedra a la derecha del arroyo (de nombre Canto Cochino, como tantos otros por la geografía española) y nos topamos con una valla de piedra que baja hasta el mismo arroyo (la valla de la finca Navalvillar), habrá llegado el momento de abandonar el cauce del Manina, y prepararnos psicológicamente para la ascensión que nos espera (17’).

Debemos subir alejándonos del arroyo y dejando la valla de piedra de Navalvillar a la izquierda. A lo largo de la ascensión podemos pararnos a ver los diversos portillos abiertos en la valla, por los que pasan animales salvajes, las huellas o excrementos de los mismos y, en general, cualquier cosa que nos sirva de excusa para detenernos un momento sin tener que reconocer que estamos reventados. No tardaremos mucho, no obstante, en culminar la ascensión, donde el monte cerrado da paso a una zona más adehesada, predominando nuevamente los enebros y con bastantes juncos churreros que nos indican la presencia de humedad… y de una fuente cercana que invitamos a descubrir. La valla gira a la izquierda, y nosotros con ella, hasta que llegamos, tras pasar por una puerta de servicio, a la puerta principal de la finca (15’).

Continuamos siguiendo la valla de Navalvillar, pero ya por una pista de tierra bien ancha, que es la misma que cruzamos anteriormente, al bajar de La Tinaja, dejando a nuestra derecha una majada de cabras. Cruzamos un par de arroyos casi siempre secos y tras subir la vaguada que forma el segundo de ellos nos encontramos un camino a la izquierda, que ignoramos, y unas casas a la derecha, donde destaca un eucalipto: son las Casas de las Minas, anteriormente utilizadas por los trabajadores de una antigua extracción minera en la cercana finca de El Pendolero (que ha sustituido a Navalvillar por nuestra izquierda) (8’).

Nuestro camino discurre entre bosque de encinas y sobre todo enebros (el gran protagonista de este recorrido), acompañados de jaras, excepto en una franja a ambos lados del camino, pues el retén de Hoyo ha limpiado este tramo en sus trabajos de prevención de incendios. Dejamos a la izquierda un camino que se dirige al monte de El Pardo pasando por El Pendolero (del que se aprecia su palacio: una construcción neo-colonialista en la que se rodó la película Mamá cumple cien años, ahora utilizado para celebraciones), y poco más allá, también a la izquierda, un espectacular pie de enebro, muy conocido por los lugareños, que presenta dos formas diferentes de copa. Al acercarnos vemos que no es un enebro, sino dos… no, ¡tres! (7’).

Nada más sobrepasarle tomamos el camino que sale a la derecha, con una señal de coto de caza y un poco más allá, otra de prohibición de circular a vehículos. El camino asciende en varias curvas hacia la Majada del Romero (despreciamos los que salen a nuestra derecha), formación granítica en la que todavía se conservan restos y señales de las antiguas actividades de extracción de piedra. Al final de la subida, y dejando la Majada del Romero a la derecha, nos encontramos una bifurcación que tomamos a la izquierda, alejándonos de las formaciones rocosas e internándonos en una zona bastante abierta (5’).

La sierra de Hoyo

Ahora caminamos en leve descenso por una pradera, y en breve daremos vista a la urbanización Las Colinas frente a nosotros, y un momento después la Sierra de Hoyo. Poco a poco el camino va girando hacia la derecha, hasta encaminarse en dirección a la sierra; atrás van quedando Las Colinas y varios caminos que se nos unen por la izquierda. Dejamos cerca una valla de piedra a la derecha y luego otra a la izquierda que suele tener caballos (10’).

Al poco de sobrepasarla (ignorando un camino a la derecha) la senda se hace irregular y con grandes afloramientos de roca, iniciando un descenso. Por aquí, en esas zonas rocosas del camino, podemos apreciar las marcas que dejaron las ruedas metálicas de los carros que llevaban piedra y leña al pueblo. Se nos une una valla de piedra por la izquierda: es la finca Quo Vadis, que nos acompañará durante un tiempo en nuestro regreso al pueblo. Sobrepasamos en la valla un mojón de Monte de Utilidad Pública (MUP 104) y tras subir una ligera pendiente llegamos a un enebro en muy mal estado, solitario, al lado de una bifurcación (10’).

Desde aquí tenemos ya a la vista la urbanización Cerca Morra, hacia la que nos dirigimos ignorando el camino que sale hacia la derecha. Bajamos hacia el puente Rolinares, en el inicio del Arroyo Trofas, y tras cruzarlo emprendemos una ligera subida en dirección a la urbanización, enfilando hacia la parte derecha de la misma, para tomar la calle El Empedrado (7’).

La calle, que hace mucho tiempo pudo considerarse asfaltada, pronto se convierte nuevamente en camino de tierra, para entrar luego en otro ya asfaltado, que tomamos a la derecha, y que inmediatamente vuelve a convertirse en otro camino de tierra. Un poco más y llegaremos a la bifurcación que nos encontramos al iniciar la ruta, nada más salir del pueblo (5’). Tomando ahora a la izquierda volvemos sobre nuestros primeros pasos, subiendo la calle Frontera, cruzando la carretera y llegando en breve a nuestro punto de partida (7’).

© Gustavo González y Felipe Moreno


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